dimecres, 12 de gener de 2011

Los médicos cobrarán por sus resultados que por su estatus


La sanidad sufre como todos la merma de ingresos: menos actividad económica, menos entrada, presupuesto más bajo. Esa es la regla de tres del año y del nuevo conseller de Salut,Boi Ruiz, un independiente en el Gobierno de Convergència i Unió que desde su anterior puesto en la presidencia de la patronal de la sanidad concertada se desgañitó proponiendo soluciones, algunas que ahora no puede ni plantear.
¿Habrá dinero para pagar el año?
Lo primero es saber dónde estamos. La auditoría que se ha anunciado pretende saber al detalle la situación, porque el déficit calculado es dos veces el presupuesto del Barça. Cuatro millones arriba o cuatro abajo son importantes.
¿Y mientras qué harán?
Adelgazar de manera notable la estructura administrativa, predicar con el ejemplo antes de pedirles lo mismo a los proveedores. Por ejemplo, vamos a mancomunar servicios. En el departamento, por ejemplo, hay una estructura
triplicada, y quizá no haga falta en estos tiempos.
¿Eso no es el chocolate del loro?
No, no lo es. Aún no tenemos capacidad de introducir cambios, pero hay que hacerlos. Los efectos de esos cambios sólo serán visibles a medio y largo plazo. Por eso hay que tomar medidas ahora, lo antes posible.
¿En qué consistirán esos cambios?
El planteamiento es la reorganización de la cartera de servicios, no de las prestaciones. El usuario no debería notar la crisis en cuanto a los servicios que recibe, sino quizá en dónde los recibe. Para un mismo servicio tendrá que
desplazarse a otro hospital que no sea el que está al lado de casa.
¿Por qué?
Porque hemos llegado probablemente al límite en la expansión del sistema y tenemos que conseguir que los servicios sean todos eficientes, que tengan masa crítica, un volumen mínimo, para dar correctamente esa prestación. Y eso supondrá a veces desplazarse un poco más lejos. Intentamos que todas las regiones sean autosuficientes, salvo en el nivel terciario, como es el caso de los trasplantes o la cirugía cardiovascular. Todas tendrán el mismo nivel
de resolución, pero se tendrán que organizar y hacer alianzas estratégicas para no duplicar servicios y mantener la calidad y la equidad.
¿Hay demasiados hospitales y ambulatorios?
Estamos en el límite, insisto. Ahora hay que invertir algunas prioridades en la asistencia. Por ejemplo, hay que procurar que se tenga cuanto antes el  diagnóstico, porque eso sí que preocupa al paciente y no tanto la fecha en la
que le operarán el juanete.
¿Se han planteado reducir prestaciones?
No se tocan, repito. La solución está dentro del propio sistema.
¿Algunas medidas más concretas?
Ha de cambiar el modelo organizativo: los hospitales no pueden ser una caja cerrada donde el conocimiento sólo circula internamente. Han de estar comunicados, por eso hay que avanzar en la historia clínica compartida, que habrá que simplificar. Toda la red de utilización pública tiene que estar en ello.
¿Eso permitirá sortear la crisis?
Las medidas estructurales y organizativas que proponemos paliarán la situación y permitirán mantener servicios y calidad.
¿Qué logrará que los médicos se corresponsabilicen con los planes de contención?
Pediremos sacrificios, pero serán incentivados, también a los médicos y al resto del personal. Nadie hace nada a cambio de nada. Aquellos que se comprometan a trabajar en ese cambio del modelo organizativo tienen que obtener un beneficio, sean médicos o sean gestores.
¿Se pagarán mejor las guardias si hacen más?
Tenemos que estudiar cuáles serán esos incentivos.
¿Habrá recortes de plantilla?
No habrá pérdida de puestos de trabajo, sino quizá de sustituciones. Rebajaremos el coste laboral. Tenemos que impedir que haya servicios con masa crítica ineficiente. Y reducir metros cuadrados. Es un cierto paso atrás para tomar impulso. Y necesitamos la implicación de los ciudadanos.
¿Cómo conseguirá esa implicación?
Empezando por informar al paciente del coste de su asistencia, incluso la de la consulta externa, el precio de su tac, su medicación... El usuario debe saber qué le damos por los mil doscientos euros que paga al año. Debe saber
que cuando consume mucho más, está tomándolo de la póliza de otro.
¿Qué espera del ciudadano dándole a conocer la factura?
Que tenga cuidado de su propia salud. Y, sobre todo, que empiece a cambiar de actitud ante el sistema. Pero para eso tenemos que contar con los profesionales. El ciudadano exige ahora que, como se le hace una resonancia a Messi, por qué no a él. Alguien tiene que matizar ese nivel de exigencia.
Antes la gente creía en el médico cuando daba un diagnóstico tocándole la barriga. Ahora todo el mundo reclama un prueba de imagen para creer en lo
que dice el médico. La demanda ha cambiado, pero hay que revertirla entre todos y devolver el respeto a la profesión médica.
¿También se apoyará en la enfermería?
Por supuesto. No se trata de que nadie haga funciones sustitutivas. Pero hay un terreno de nadie en el seguimiento de enfermos que debería cubrir la enfermería. Hay que borrar definitivamente la imagen de la enfermera como
una señora que hace recetas.
Un sector médico pide poder jubilarse más tarde, hasta los 70 sobre todo en las especialidades donde faltan profesionales.
Con la escasez que sufrimos, no podemos permitirnos el lujo de prescindir de especialistas si ellos quieren y si están en condiciones para continuar. Aunque habrá que evaluar sus capacidades.
¿Quién lo hará?
Vamos a plantearlo al Col·legi de Metges. No sabemos el volumen de ese deseo, pero estamos dispuestos a aceptarlo, aunque sea a tiempo parcial. Piense que cada puesto de guardia requiere cinco médicos. Nuestros médicos se quejan de que cobran menos que en otras comunidades, y es cierto en la parte fija, pero no en la variable.
Una de las propuestas que se reclaman para salvarse de la crisis es la transparencia en la gestión, en el gasto, en la evaluación de prestaciones. ¿Cómo se concreta esa idea?
Vamos a poner en marcha en el plazo más breve posible una central de resultados. Lo haremos a través de la Agència de Qualitat i Desenvolupament Profesional en Salut. Esta agencia tendrá tres funciones: rendir cuentas del sistema público, centro a centro; evaluar y decidir qué prestaciones se incorporan; y el desarrollo profesional.
¿El desarrollo profesional?
Habrá una agencia de acreditación que determinará quién es cinturón negro y quién naranja y esa acreditación debería influir en el modelo retributivo. No todos los médicos cobrarán igual por ser lo que son, sino por lo que hacen y cómo lo hacen, por los resultados. No se tratará de decir yo valgo tanto porque soy jefe de servicio, sino porque soy cinturón negro. Y esa acreditación irá con el profesional vaya donde vaya.
¿Quién acreditará el color del cinturón?
Los propios profesionales, no los empleadores, lógicamente. Estamos hablándolo con el Col·legi de Metges. También tenemos que dejar de valorar los centros sanitarios por su número de camas o de aparatos de alta tecnología.Tendrán que mostrar sus resultados.
El 24 por ciento de la población tiene una mutua privada.
¿Para cuándo el Govern aplicará la desgravación que usted ya ha propuesto?
Dentro de esta legislatura.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

S'ha produït un error en aquest gadget